La paradoja nutricional; madres obesas con hijos desnutridos
Friday, March 5th, 2010
Este es un fenómeno relativamente nuevo que se produce en los países en vías de desarrollo en los que se están realizando los cambios dietéticos y de la disponibilidad de alimentos, que se producen unidos al desarrollo.
Tradicionalmente la obesidad se ha relacionado con la abundancia y se suponía que, según los países en desarrollo mejoraran su nivel socioeconómico, la desnutrición desaparecería y aparecería la obesidad en la clase pudiente. Pero el desarrollo socioeconómico no favorece a todas las clases por igual, ya que son las clases bajas de estos países las que tienen mayor riesgo de obesidad. Aparecen las comidas baratas, con alta densidad energética, lo que favorece el consumo de un exceso de calorías. A esto se une el cambio a una vida más sedentaria, en un ambiente urbano. En las clases altas, estos aspectos se contrarrestan por la mejor educación nutricional, y el mayor nivel económico les permite comprar alimentos más sanos, que habitualmente, son más caros.
¿Y por qué persiste la desnutrición, sobre todo entre los niños, en estos países en vías de desarrollo?. Para la clase baja, el ambiente urbano no ofrece la red de seguridad que proporciona la agricultura de subsistencia, típica del área rural La gente que se traslada del campo a una zona urbana pierde la capacidad de cultivar su propia comida y dependen de la “compra” de alimentos. Las mujeres en la ciudad es más probable que se pongan a trabajar y por lo tanto, tienen menos tiempo para preparar las comidas. La introducción de alimentos de bajo precio, producidos en grandes cantidades, ricos en energía, pero a la vez, escasos en nutrientes básicos, como el hierro, favorece que aparezcan déficits, especialmente en niños y embarazadas que tienen mayores requerimientos, y por lo tanto, son los más afectados, y se afecta negativamente el crecimiento de los niños y, a la vez, facilitar la ganancia de peso en los adultos. Además parece que la desnutrición intraútero o durante el primer año de vida, es clave, ya que el organismo nota la escasez de nutrientes y se adapta para lograr el “máximo ahorro de energía”. Esta adaptación va a continuar durante toda la vida, aunque las condiciones ya no sean tan adversas, favoreciendo la ganancia de peso.
La nueva coexistencia de sobrepeso y desnutrición en la misma sociedad supone un reto para la salud pública, dado que los objetivos para reducir la desnutrición a veces entran en conflicto con la prevención de la obesidad. Se hace imprescindible mejorar el nivel sanitario y educacional de los países en desarrollo. Todavía queda un largo camino por recorrer.

