El Blog de la Doctora Pilar Riobó

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Especialista en Endocrinología y Nutrición

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Vino y salud

Saturday, January 23rd, 2010

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VinoLa relación entre la ingesta de vino y la salud es un tema controvertido. Es conocido que el alcohol, consumido en moderadas o grandes cantidades es un tóxico para el hígado y produce  enfermedades serias como la hepatitis y cirrosis, daño al músculo cardíaco, pancreatitis, polineuritis, úlceras de estómago,  y  problemas psicológicos y de dependencia asociados al alcoholismo crónico. Además, el alcohol es una importante causa de accidentes de tráfico y aporta muchas calorías, por lo que  puede favorecer la obesidad.  Sin embargo, muchos de ustedes han oído o leído que  un vasito de vino al día  es bueno. Pero ¿Qué hay de verdad en ello?

Todo este tema  deriva de los resultados del estudio Mónica, realizado a finales de los 90  que demostró que las tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares en Francia eran mucho menores que en otros países occidentales, pese a que el consumo de grasas saturadas (“malas”)  y los niveles de colesterol plasmático eran similares en estas poblaciones.  Se dio como explicación de  la llamada “paradoja francesa”  el consumo de  vino. Posteriormente se comprobó  que, efectivamente, el vino en general y, en particular, el vino tinto contiene ciertas sustancias con capacidad antioxidante, los denominados polifenoles, presentes también en frutas y verduras. 

Este posible beneficio se ha confirmado posteriormente en más de  60 estudios epidemiológicos que  sugieren que existe una relación inversa entre el consumo moderado (una o dos copas diarias como máximo) de alcohol  y las enfermedades cardiovasculares. Sería una curva  en “J “, es decir,  los abstemios tienen más mortalidad que las personas que beben con moderación; a partir de esta tasa de consumo aumentan los fallecimientos,

El efecto beneficioso se ha atribuido a  ciertas sustancias con efecto antioxidante que se encuentran en las uvas y en el vino.  Estos compuestos polifenólicos, como el transreverastrol,  se encuentran en la piel de la uva . Esto explica por qué el vino blanco presenta menor niveles de estas sustancias.  Además de efecto antioxidante, también parece que mejoran la función del endotelio, que es la parte más interna de los vasos sanguíneos que juega un papel primordial en el desarrollo de aterosclerosis.  También existen sustancias  con acción antioxidante, los  flavonoides,  en otras bebidas alcohólicas como la cerveza negra, y en el mosto, así como en las frutas y vegetales. Sin embargo, el alcohol en grandes cantidades es oxidante y, por lo tanto,  un consumo elevado aumenta el riesgo de diversos tipos de cáncer.

No está del todo claro si el efecto beneficioso también podría obtenerse con otras bebidas alcohólicas.  Algunos estudios, como el realizado en  Copenhague sugieren que el efecto cardioprotector del alcohol está en relación con el consumo de vino y que las bebidas “espirituosas” tendrían una acción  perjudicial. Esta opinión no es compartida por todos los investigadores. Tampoco está claro si beber con las comidas sea mejor que hacerlo fuera de ellas. Aunque se ha dicho que los bebedores, sobre todo de vino, comerían más sano (seguirían más un patrón de dieta de tipo mediterráneo), la realidad parece ser otra.

El alcohol aumenta los niveles de triglicéridos en la sangre,  pero también , a dosis moderadas,  aumenta los niveles de colesterol HDL “bueno”  en alrededor de un 12%.  Además parece que el consumo de alcohol disminuye la agregación de las plaquetas, que son las células de la sangre que se unen para formar un trombo o coágulo. El mecanismo parece ser similar al descrito con dosis bajas de aspirina, y por lo tanto, se logra un beneficio similar.

Muy recientemente se han  publicado en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine,  los resultados del estudio realizado en más de 800000 enfermeras americanas, que se han seguido con respecto a sus hábitos dietéticos y a las enfermedades que han ido desarrollando. En estas mujeres el consumo moderado de alcohol se asocia a un menor deterioro cognitivo (es decir, demencia) a edades avanzadas.

Ninguna sociedad científica recomienda el consumo de alcohol como estrategia  para la protección de problemas cardiovasculares, pero si la persona consume moderadamente alcohol tampoco hay razón para prohibírselo.

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